sábado, 19 de septiembre de 2009

"Siempre fui caníbal"


Artículo del 10.09.2009

La cantante fue, primero, la reina del Axe Music. Probó todos los generos y cantó con los mejores hasta ser la estrella del pop mundial sin olvidar sus raíces bahianas. Las intelectuales del post-feminismo yanqui la llaman "la diva que Madonna querría ser". Un diálogo sobre su vida y el show que desplegará en la Argentina. En Brasil, los compradores de su nuevo cd podrán elegir entre cinco tapas diferentes y las canciones tienen distinto orden, en una rayuela musical que la muestra con un espíritu juguetón ya casi olvidado en el pop mundial.

En la casa había música.

La colección de discos de vinilo del padre mecánico industrial -Antônio Fernando de Abreu Ferreiro de Almeida-, que era sagrada, sonaba cada domingo con las ventanas abiertas y los cinco hermanos -Tom, Cristiana, Vania, Marcos y Daniela- paraban sus travesuras para escuchar a Sara Vaughan, a arias de ópera - Madame Butterfly, la más oída-, a los clásicos del samba, al son de la tan cercana Cuba, a Ella Fitzgerald. Pero además había un piano y una madre -Liliana Mercuri, asistente social, profesora- que lo tocaba. Y abuelos que también lo tocaban. Y muchas risas. Y por la televisión, películas a color de Carmen Miranda, la pequeña notable, la portuguesa más brasileña, la brasileña más Hollywoodense.

Daniela no lo sabía cuando nació, pero lo único puro en la cultura brasileña es su impureza. A esa mezcla vertiginosa y abismal, África y Europa en tierras tropicales; a esos extremos de goce y drama; a esa sofisticación que permite juntar a Drummond de Andrade, Tarcila do Amaral o Villalobo con el sudor de la fiesta popular más grande del mundo, el carnaval de la Avenida Siete en Bahía del Salvador, es que llegó el 28 de julio de 1965 Daniela de Almeida Mercuri a continuar una tradición de impureza creativa.

Lo que ella no sabía pero aprendió viviendo es que toda la cultura brasileña es al mismo tiempo suma, encuentro y choque. Cada generación habla con la anterior, se la come y sigue. La enfrenta y la asimila. Y cuando ella nació, ahí nomás, casi compartiendo la cuna, nacía el tropicalismo, un movimiento que se definía como antropofágico recordando los movimientos culturales de 1920 con Mário y Oswaldo de Andrade, entre otros; eso de digerir la cultura que viene de las potencias culturales para regurgitarla después mezclada con la cultura popular nacional. Comer lo que existe para crecer. Asimilar y seguir. No casualmente en Brasil "comer" significa comer y también, eh, "intimar" por decirlo de alguna manera plausible para una revista del diario dominical. En todo caso está claro que se habla de placeres.

-¿Y por qué el apellido de tu mamá, Mercuri, y no el de tu papá?

Por primera vez en la charla telefónica con C, Daniela se detiene y respira un segundo. Hace media hora que habla sin parar, una muestra gratis de una energía que parece no poder parar.

-Porque era el nombre que sonaba mejor. "Daniela" ya es italiano. Y Mercury (N. del A.: sí, artísticamente cambió la "i" por la "y") reforzaba eso. Pero además también reforzaba esa cosa de inmigrante que tengo…y te digo más, mi abuelo Mercuri…es argentino. Y entonces, en esa mezcla de todo, en esa mixtura activa, aparece casi de refilón, también, Argentina. Es que el bisabuelo materno Mercuri, italiano, estuvo un tiempo trabajando en Argentina ("¿Dónde? ¡Ay, la verdad que no sé, nunca pregunté! Voy a preguntar") y allí nació el abuelo, pero a los pocos meses la familia se mudó a Bahía. La abuela materna, en cambio, no es italiana de Argentina. Es de Chiavari, en Italia. Papá De Almeida también es inmigrante pero portugués. Llegó a Brasil a los once años y ya no se fue.

Y así fue Daniela desde chica. Una brasilera criada en casa de europeos, sin la gravedad de los inmigrantes, con la alegría del nuevo mundo.

-Se entiende que yo siempre fui caníbal. Soy así, una artista de alma bestia. Desde muy pequeña me gusta conocer todo, muchos géneros diferentes, tengo afecto por muchas cosas. Me gusta aventurarme por caminos nuevos, me gusta correr riesgos. Es fundamental para mí y aunque sé que estéticamente es difícil a veces, a lo largo de los años lo voy afirmando.

Que es un alma inquieta y enérgica es bastante evidente con solo recorrer los datos básicos de su biografía. A los ocho años empezó a tomar clases de danza con "tía Àngela". Y con quince era una más en lo que fue un grupo de compositores, músicos, bailarines que estaban preparando, sin saberlo también, un nuevo banquete que se conocería un tiempo después con el nombre de axe music. Pero eso recién explotaría a comienzos de los '90. Mejor no apurarse, cosa imposible con esa chica que a los 18 ya daba clases de danza para pagarse sus propias clases.

-A esa edad yo ya sabía que quería recorrer el mundo con mi arte, no era el dinero lo que me empujaba. Pero sí quería conocer el mundo.

Fue una adolescencia que al colegio secundario vespertino le agregaba las noches de martes a domingo, de 20 a 1, cantando sin parar en bares en donde muchas veces nadie escuchaba. Entonces se divertía con su guitarrista a ver quién podía hacer su trabajo más rápido: si el guitarrista tocar o ella cantar. Pero como además se trató siempre de una mujer excesiva, con un fardo de energía que necesitaba descargar imperiosamente, esas cinco horas de bares no le alcanzaba.

Y así fue que se subió a un trío eléctrico. Porque Daniela fue a nacer en una ciudad que desde la década del '50 había demostrado que su fuerza estaba en las calles. Fue en esa década cuando dos músicos, Dodô y Osmar (a los que Daniela homenajeó en el espectáculo que Buenos Aires vio el año pasado, Balé Mulato) inventaron la "fóbica", una cafetera Ford 1928 a la que se subieron para tocar frevo -un exultante ritmo de Pernambuco- con desastradas guitarras eléctricas, conocidas como "guitarras bahianas" en el carnaval, para poder ir de un lugar a otro. A diferencia de la bañadera montevideana, que lleva las murgas de tablado en tablado y recién allí se realiza el espectáculo, la "fóbica" era parte del show.

Con el tiempo, la fóbica se convirtió en trío eléctrico, camiones abiertos con enormes sistemas de sonido, inmortalizados por Caetano Veloso en 1968 en su tema "Atrás del trío eléctrico", que celebró esta fiesta popular en la Avenida Siete de Bahía. La conversión de ese carnaval en género internacional se consolidó en la última mitad de los '80 y ahí Daniela fue fundamental, pero antes hubo figuras como Morais Moreira y Os Novos Bahianos con aportes esenciales.

Desde aquel febrero del '81 que estrenó en el carnaval bahiano (a propósito, es tan alto el nivel de artistas por habitante que hay en la ciudad brasileña, de Dorival Caymmi a Caetano Veloso, de Joao Gilberto a Gal Costa, pasando por Jorge Amado, Gilberto Gil, Glauber Rocha, María Bethania o Carlinhos Brown, que es un chiste brasilero decir que los bahianos no nacen, estrenan), ya no la pudieron bajar de ahí. Con diversas formaciones primero y solista después, siempre Daniela Mercury se las arregló para desfilar por la Avenida Siete, pero el carnaval creció tanto que ahora hay un nuevo circuito, el de Barra-Olinda que se sumó al anterior. Allí también reina la Mercury.

Fuente: Crítica de la Argentina. Revista C.

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